Historia del perfume

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El perfume en Egipto

 

El perfume en Grecia y Roma


El perfume en el pueblo Hebreo


De la flor al frasco


Historia del jabón

 
La perfumería moderna

 

Los españoles, los que más se perfuman

 

 

 

Grecia y Roma

Grecia adoptó de Egipto el gusto por los perfumes y a su vez estos se los transmitieron a los romanos, tanto los griegos como los romanos fueron los que desarrollaron los perfumes para el aseo personal.

Heredoto cuenta que las mujeres de Saytes trituraban sobre una piedra la madera de los cipreses, cedros e incienso añadiendo cierta cantidad de agua hasta que todo adquiría la consistencia de una pasta que se aplicaba a la cara y el cuerpo desprendiendo un agradable aroma y dejando la piel suave cuando se quitaba. Homero narra como Venus vela día y noche los restos de Héctor, vertiendo sobre él un perfume y, hablando de Ulises, cuenta que tenían braseros para quemar perfumes y aromatizar las estancias de las casas. Aunque al principio estaba rigurosamente prohibido que los griegos vendiesen perfumes a los romanos, su uso se fue haciendo cada vez más general y se fue creando un gran mercado de perfumes y de ingredientes para fabricarlos que los romanos traían principalmente de los países conquistados en Oriente.

Los perfumes se utilizaban tanto para el cuerpo como para la vida social y religiosa, tenían perfumes diferentes para cada parte del cuerpo, en forma de pomada, crema, aceite o totalmente liquido como los perfumes actuales (con los perfumes también se desarrolló la industria de frascos, principalmente de alabastro, que podían ser considerados como joyas) lo que dio lugar a numerosas sátiras (Marcial: "Postumus... es sospechoso porque siempre huele bien, y oler siempre bien es tanto como oler siempre mal..." ) 

Los romanos eran muy amantes de los perfumes, lo utilizaban para perfumar los baños (mezclados con aceite y leche) para sus habitaciones, sus muebles, etc; cuando tenían una representación escénica el velo que recubría el anfiteatro estaba impregnado de agua de olor, dejando caer una lluvia perfumada sobre los espectadores cuando se extendía; Las águilas romanas eran perfumadas antes de las batallas y la ceremonia se repetía si lograban la victoria.

Nerón fue el emperador que utilizó de una forma más estrambótica los perfumes; después del funeral de su mujer Popea, (a la que él mismo mató después de propinarle una patada en el vientre estando embarazada), hizo quemar sobre la hoguera de su incineración más incienso del que produce toda Arabia en un año.

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