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Educar un día tras
otro
He ido a vivir a
un edificio de apartamentos con ventanas a un estrecho patio
interior desde las que se oye casi todo lo que pasa en la cocina
de enfrente.
Aun no conozco a mi vecina, sin
embargo, mi admiración por ella aumenta cada día. Está en casa con
dos niños uno de meses y otro de unos dos años, tiene más pero
pasan parte del día en el colegio. Su voz, me ha dado a conocer
que es una mujer de temple, con auténtica paciencia y con
resortes para acallar al mayor, y recursos para dejar llorar al de
meses cuando – es preciso – sin perder los nervios, y acudir
después a él con todo tipo de mimos
En algún momento he pensado, ¿qué
hará el tiempo con los hijos de tan buena madre? No lo sé. Pero
existe en su forma de hacer diario un buen modo de construir, hay
una actuación educadora, sin riñas, sin consejitos, sin empaques,
directa, cuajada de la experiencia que seguramente le ha
proporcionado el cuidado de sus hijos mayores.
EDUCAR A DIARIO
El trabajo diario aparentemente sin
importancia, es necesario para obtener el fruto.
No se educa con frases rotundas,
consejos repetidos machaconamente y con gesto adusto ante los
errores de los hijos pequeños o grandes, con broncas de tormenta
que dejan el aire familiar cortante y el corazón de las criaturas
como entre el cielo y la tierra, con el hipo contenido, las
lágrimas en vilo... Así solo se estremece a la familia y la casa
se queda en suspenso; luego cada cual-, si puede, lo olvida.
El equilibrio educativo de los
padres, la ponderación y el saber hacer es una tarea difícil para
la que sin embargo, cualquier padre o madre está preparado.
SOBREVIVIR NO ES
SUFICIENTE
Durante los primeros años de un
matrimonio, los dos luchan por labrarse un camino
profesional, subir, alcanzar un puesto y mejorar a base de trabajo
duro e intenso; Los ingresos resultan insuficientes para pagar la
hipoteca, montar la casa, etc. Esta lucha por la supervivencia se
lleva la mejor parte de las energías de ambos, tanto si ella
trabaja fuera de casa, como si trabaja dentro cuidando y educando
a sus hijos.
Son años que pasan muy rápidos, y
que suponen ujna auténtica aventura. Nunca se sabe dónde va a
llegar el susto: si de la factura del coche averiado, de la rotura
de un electrodoméstico, del colegio de tu hijo con una
brecha en la frente, de una fiebre incontrolada a las dos de la
mañana, o del ajuste laboral en la empresa.
NO VALE DECIR ESTOY
CANSADO/A
¿Cómo se educa a los hijos en este
escenario? Como los niños van creciendo, muchos padres piensan
inconscientemente, sin más reflexiones que con el tamaño viene
también el conocimiento y el saber hacer; es en parte cierto, pero
solo en parte; la realidad es que muchas cosas importantes no se
aprenden solas y que la teoría del buen salvaje, de Rouseau
no resulta efectiva. En esta etapa de intenso trabajo y muchas
preocupaciones para los padres, los niños con sus dos, tres , seis
años se llevan más cachetes que explicaciones.
Esta etapa dura hasta que el mayor
cumple doce años. A esa edad él tiene ya su mundo particular, con
realidades y fantasías; su interés vital se centra básicamente en
la pandilla, sus amigos de colegio, su equipo a veces, su grupo
ha adquirido dentro de su mundo personal mayores dimensiones que
los intereses de su casa, que en gran parte ignora, es todavía un
niño, y en la que no tienen toda la libertad que desea; si sus
padres además, no le han dado responsabilidades, tareas concretas
materiales y de cuidado de sus hermanos más pequeños, él no tiene
nada que hacer: así piensa o simplemente así actúa sin pensarlo.
Para que esto no ocurra hace falta
que la casa se haya convertido con el tiempo y el cariño entre el
matrimonio y los hijos y los hermanos entre sí, en hogar: hay
cientos de casas perfectamente ambientadas y amuebladas que no son
hogar: lugar apacible de descanso y espontaneidad.
ANTES DE QUE CIERREN
LA PUERTA
Si los padres no han sabido captar
la intimidad de sus hijos antes de que cumplan lo 8, 9 años, es
decir, si se les han pasado los 6,7,8 años sin hacerles apenas
caso porque los atiende una chica, o no dan muchos problemas, o
son buenos estudiantes. En una palabra no han ocasionado
conflictos y han pasado inadvertidos, ellos han tejido, en ese
breve tiempo de un año o dos, los hilos de su mundo particular en
el que los mayores son punto y aparte. Quizá la puerta esté aún
entreabierta y no cerrada como ocurre cuando se han hecho
adolescentes por su cuenta, sin compartirlo; si la puerta está
entreabierta puede abrirse, siempre con el esfuerzo de tener que
empujar.
A los 15 y 17 años serán “amigos” de
los padres si lo eran antes, ninguna amistad se improvisa,
tampoco esta, aunque tenga raíces en la misma carne; si han tenido
responsabilidades en la casa y han recibido cariño y comprensión
por parte de sus progenitores, lo darán, ayudarán en casa, y en
el cuidado de sus hermanos más pequeños, serán capaces de
comprender los problemas económicos de la familia y con este
conocimiento apoyar a sus padres, anulando caprichos, evitando
gastos, ganando por su cuenta algo de dinero para gastarlo en sus
cosas, con la ilusión de verse ya mayores.
Si la casa es hogar, pese a los
sustos y disgustos, escapadas pasajeras, travesuras de mayor tono,
etc. todo tiene arreglo, porque todo estará arropado por el
cariño, también las reprimendas necesarias, y todos sabrán, sin
necesidad de hablar de ello, que es o que está bien y lo que está
mal, y como puede arreglarse su mala conducta. Desde esa buena
confianza todo lo bueno es posible.
ACTUAR
POSITIVO
Muchas veces las crisis de los hijos
tienen por base las crisis de sus padres. Algunos padres actúan en
casa después de la cansada jornada laboral como tiranos: su
entrada en casa (más la del padre que de la madre) significa la
llegada de una oleada de temores: todos estaban más o menos
felices con sus tareas o sus cosas, pero al cruzar la puerta
el humor paterno invade la casa una nube de incertidumbre, ¿por
qué motivo me reñirán esta noche ...?. Otras veces es el egoísmo:
el llegar a casa para encerrarse, en su sillón o en su mutismo;
otras la comodidad, la inercia de vivir, el cansancio, la falta de
cariño explícito hacia los demás, a veces es la falta de serenidad
de la madre.
Para solucionar estas situaciones
solo es necesario cambiar de actitud, abandonar algunas costumbres
y volver antes a casa para estar con ellos, hacerse asequible,
escuchar, exigir, charlar con ellos. Tomar cualquier situación con
calma, asumir el título de “profesora de tareas para mañana”, sin
perder nunca la alegría.
La educación no es un minuto
brillante es la historia de la familia, sino la suma de pequeñas
cosas y la dedicación de tiempo para estar con los hijos. El
verano es el tiempo ideal para reconducir cualquier situación.
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